Con apariencia de Piedad…

Escrito por en 14/07/2025

Apariencia de piedad: cuando la fe se queda en la superficie

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita” (2 Timoteo 3:1-5).

El concepto de “iglesias con apariencia de piedad” se refiere a comunidades religiosas que, aunque puedan aparentar ser devotas y fieles a sus creencias, en realidad no viven según los principios que profesan. En otras palabras, pueden tener una fachada de piedad, pero carecen de la verdadera devoción y práctica de la fe. Sobre todo este último punto: “carecen de la práctica de la fe”. En pocas palabras: predican bíblicamente y remarcan esto constantemente, pero no viven lo que ellos mismos predican.

“Y este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13). Ya el profeta Isaías había denunciado este mismo mal casi ochocientos años antes de que Pablo escribiera a Timoteo: una religiosidad de labios que no llega al corazón.

Este término, proveniente de la Biblia (2 Timoteo 3:5), advierte sobre la existencia de personas que, aunque participan en prácticas religiosas, no demuestran un cambio interno ni viven de acuerdo con los valores cristianos. En lugar de ser guiados por el Espíritu Santo, están más interesados en seguir sus propias pasiones y deseos.

Pero la pregunta es: ¿qué es la piedad en la Iglesia? “Virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, actos de amor y compasión.”

¿Y por qué la Biblia habla de que algunos solo tendrán “apariencia de piedad”? Una forma de piedad se refiere a alguien que parece exteriormente religioso o moral, pero que carece de verdadera devoción a Dios. Es cuando las personas siguen prácticas religiosas o muestran un buen comportamiento sin tener un verdadero corazón para Dios, o sin el poder del Espíritu Santo trabajando en sus vidas. Sencillamente: tienen doble cara.

“Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:16). Pocos versículos describen con tanta precisión la doble cara de la que hablamos.

En la Iglesia hacen alarde de ser grandes seguidores de Cristo, pero en su vida cotidiana solo son personas traidoras, impetuosas, infatuadas, amadoras de los deleites más que de Dios, a las cuales debemos evitar, porque ellas niegan con sus actos y sus vidas la eficacia del amor de Dios, de la fe y de la piedad en sí (2 Timoteo 3:4-5).

1 Timoteo 4:7-16 nos dice: “Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos.” Pero muchas iglesias, hoy en día, poco se ejercitan en esta gran virtud.

Aun las iglesias llamadas de sana doctrina han dejado entrar en sus filas la obediencia más a sus pastores que al mismo Dios, haciendo cuanto sus líderes mandan o dicen en lugar de observar lo que la Palabra de Dios dice. “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29): esa fue la respuesta de los apóstoles cuando se les exigió callar el evangelio, y sigue siendo la medida con la que debemos pesar cualquier autoridad humana dentro de la Iglesia.

Cuando lees los primeros cuatro versículos de 2 Timoteo 3:1-5, te dan ganas de pensar que Pablo estaba describiendo nuestra cultura actual. Y ciertamente hay un gran parecido entre estos versículos y las noticias diarias de hoy. Pero luego llegas al quinto versículo y te das cuenta de que Pablo no estaba describiendo la cultura en general, sino más bien a la gente dentro del cuerpo de creyentes.

Esta gente tiene apariencia de piedad, fingiendo ser algo que no son. Son los proverbiales lobos con piel de oveja, buscando solo su propio beneficio: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15). Tienen la apariencia externa de piedad, pero niegan su poder, no permitiendo que el Espíritu Santo los cambie y produzca su fruto en ellos (Gálatas 5:22-23).

No tengas nada que ver con gente así. Pablo parece estar dirigiéndose principalmente a los estafadores que usan intencionalmente una máscara de piedad para su propio beneficio, reconocimiento o intenciones personales. Pero hay muchos otros que podemos encontrar dentro de la iglesia hoy en día que solo pretenden, ante los ojos de los demás, ser piadosos.

Hay iglesias, doctrinas, denominaciones y misiones consideradas de “sana doctrina” que se atienen a las formas, a la uniformidad y al culto normal de una iglesia sana, pero cuyo corazón está muy lejos de ser realmente el de una iglesia de sana doctrina que nos permita crecer espiritualmente. “Vienen a ti como viene el pueblo, y se sientan delante de ti como mi pueblo, y oyen tus palabras, mas no las practican” (Ezequiel 33:31): escuchar no es lo mismo que obedecer, y eso ya lo advertía el Señor por medio del profeta Ezequiel.

Hay cristianos e iglesias intolerantes a toda otra denominación que no sea la que ellos integran. Nos aseguran que no hay más iglesias de sana doctrina en la comunidad donde vivimos, para ser ellos la única opción de nuestro anhelo de servir a Dios y vivir la verdad que nos ha hecho libres.

Estas iglesias yerran en lo espiritual, en el espíritu de la enseñanza, en la santidad de vida, en la generosidad, en la vida del Espíritu. Por eso cometen graves errores, no ya del tipo doctrinal, sino —lo que es más grave aún— del tipo espiritual.

Estas mismas iglesias son las que luego están de acuerdo en desalojar de sus congregaciones a los hermanos que no se ajustan a sus cerrados criterios de interpretación bíblica, o que no siguen al pie de la letra las órdenes de sus líderes o pastores. Los tales, ¿son espirituales? ¿Tienen discernimiento bíblico? Me pregunto si siquiera son salvos, pues la Escritura dice sin vueltas que sin santidad nadie verá al Señor, aunque enseñen y, hasta cierto punto, practiquen la forma de la sana doctrina (2 Timoteo 1:13).

Quiero pensar que no pocos de ellos están engañados, siguiendo una apariencia de piedad; pero que en la práctica, “es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece” (Oseas 6:4).

¿Conoce usted alguna iglesia así? Son iglesias que siempre tratan los temas eclesiásticos en el mayor de los secretos, que tras “echar” de la iglesia a algunos miembros lo mantienen oculto y hasta niegan que ellos los hayan expulsado, justificándose incluso con versículos bíblicos. Sus líderes dicen que estos miembros se han alejado del camino de Dios y que ellos los han llamado e intentado contactar en más de una ocasión, pero la verdad es que son ellos mismos quienes los han hecho apartarse de la iglesia local.

Son aquellos que guardan secretos de los errores y pecados de sus pastores o de sus “miembros preferidos”, y que dichos secretos los hacen vivir también a ellos en pecado al ocultarlos.

Son aquellas iglesias que jamás se han preocupado cuando un hermano deja de congregarse, dejándolo perdido en el mundo en lugar de visitarlo para saber qué es lo que ha pasado; que jamás han visitado a un enfermo, o que han olvidado lo que la Palabra del Señor enseña en cuanto al huérfano, al anciano o la viuda. Son iglesias que justifican a los miembros que actúan conforme a los deseos de los líderes, pero que acusan a aquellos que buscan la verdad y cuestionan ciertos actos que no están de acuerdo con la Biblia. Son esas iglesias que jamás te permiten crecer espiritualmente, sino que, por el contrario, tratan de dominar tu vida aun en cuestiones que nada tienen que ver con la iglesia, como por ejemplo a quién debes votar políticamente y a quién no.

Son iglesias en donde sus congregantes están siempre divididos en grupos, los cuales solo actúan en comunión entre ellos mismos, dejando de lado a aquellos que son de otros grupos o que no son del agrado de quienes lideran dicho grupo. “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35): el amor que no cruza las fronteras del propio grupito no es, en realidad, el amor del que habló Jesús.

Son iglesias que parecen iglesias sanas, pero que al apretar el grano, toda su infección sale a la luz de manera inmediata.

Estos “hermanos” que, al mismo tiempo que observan una forma bíblica aceptable, son hipócritas en su corazón, no son espirituales, no tienen discernimiento, son ignorantes de la realidad de las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Efesios 6:12).

¡Dios nos libre y guarde de tener algo que ver con tales actitudes! Por eso la Escritura —sabiamente— dice: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:16).

Un hermano que realmente vive la saludable enseñanza bíblica o sana doctrina la experimenta y la vive; tiene amor por los que se han desviado; practica la misericordia, como Dios la ha tenido con él; es valiente en denunciar herejías, señalando el error, sin intimidarse ante el prestigio o la notoriedad de quien lo propaga. “Hablando la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15): la verdad y el amor no son opuestos, y quien denuncia el error sin amor pierde tanto como quien calla el error por comodidad.

Aquel que realmente vive la saludable enseñanza ama al Señor, ama a los hermanos y ama a las almas perdidas. No trata de ofender gratuitamente; tampoco suaviza, dulcifica o diluye el fiel mensaje bíblico. No utiliza expresiones que rayan en la blasfemia, faltando el ser educado y considerado con sus semejantes. Hay cristianos que, con su celo, han dispersado, desarmado, desanimado, escandalizado y cerrado iglesias enteras, provocando que hoy muchos de sus miembros estén sin congregarse y, en algunos casos, se hayan vuelto al mundo.

Vergüenza debiera darles ser tan exigentes en detalles absurdos como el uso de saco y corbata, mientras permiten que sus mujeres luzcan escotes pronunciados, faldas totalmente entalladas y cortas, y todo tipo de vestimenta indecorosa, en contraste con lo que enseña Pablo en 1 Timoteo 2:9. ¡Estas iglesias cuelan el mosquito y se tragan el camello! (Mateo 23:24). “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mateo 23:27). No se dan cuenta de que son guías ciegos que buscan guiar a otros ciegos como ellos. Debemos ajustarnos a la Palabra de Dios y no a la enseñanza tradicional de un grupo en particular. Siempre tenemos que escudriñar las Sagradas Escrituras y renovarnos cada día en nuestro entendimiento (Romanos 12:2).

Y, lo más importante, debemos asegurarnos de que esto no sea cierto en nuestras propias vidas, permitiendo que el Espíritu Santo trabaje en nosotros cada día, para que la piedad que se muestra en el exterior provenga de una vida cambiada, y no de una máscara que nos ponemos cuando vamos a la iglesia. “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).

No solo tengas apariencia de piedad. Sé piadoso.


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