Los Divos y Divas de la Farándula cristiana
Escrito por Sal Y Luz Radio en 20/01/2026
Phil Cooke, consultor de medios de comunicación norteamericano centrado en el mercado cristiano, redactó recientemente un artículo en la revista Charisma News donde asegura que en la iglesia evangélica, y en los ministerios de todo el mundo, se han levantado demasiados divos y divas cristianos, los cuales “se centran más en sí mismos y en sus apariencias que en las personas que dicen ministrar”.
Según Cooke: “Estamos viendo un aumento real y desmesurado en lo que podría llamarse el ministerio de divos y divas cristianos: hombres y mujeres que, siendo pastores, profetas, apóstoles, cantantes, ministros o líderes espirituales de algún tipo, buscan atraer la atención de la gente más hacia ellos mismos que hacia el Cristo que dicen predicar”.
El consultor reveló, a través de su escrito, una serie de características para que los lectores puedan identificar rápidamente a esta nueva especie de “superministros”, que prefieren hacer prosélitos propios en lugar de discípulos de Cristo.
Estas son algunas de las características típicas de los divos cristianos:
Rara vez participan del culto. Solo llegan a la hora de predicar, ya que siempre sufren algún percance que los ha demorado.
Son escoltados dentro y fuera de la plataforma, lo cual indica que no deben mezclarse con la gente.
Tienen múltiples asistentes, llamados “escuderos”, encargados de llevarles el teléfono celular, la Biblia, etc.
Según ellos, no viajan mucho —aunque van de iglesia en iglesia recolectando diezmos y ofrendas— pero siempre necesitan un jet privado para transportarse.
Cuando llegan (normalmente 30 o 60 minutos después de que la reunión comenzó) asumen rápidamente un asiento en la plataforma o en la primera fila, esperando que les alcancen algún tecito para la garganta, o al menos un vaso de agua mineralizada de primera marca.
Se pasan 50 de sus 60 minutos de predicación promoviendo su merchandising (que siempre llevan con ellos “por casualidad”), contando sus grandes hazañas espirituales en el reino y cuán buen hombre de Dios es él.
Cuando promueven sus libros, siempre dicen que son un “best seller” (aunque no lo sean), y cuando promueven sus CD, siempre son discos de oro o platino (aunque solo hayan llegado al disco de chapa oxidada).
Gastan mucho más en su vestuario y en sus autos de lo que gastan en el ministerio de niños de la iglesia.
El divorcio está bien para ellos, porque las presiones del ministerio son demasiadas y así no hay matrimonio que aguante. Por eso, cuando ocurre, no tienen por qué renunciar, dar un paso al costado o rendirle cuentas a nadie.
Cuando se anuncia una conferencia suya, su fotografía en las revistas, afiches, banners o en cualquier otro lugar debe ser lo más grande y notorio del anuncio, presentándolos como los grandes ministros y salvadores del lugar.
Ahora la pregunta es: ¿notaste estos signos en alguien de tu iglesia, o en alguien que conocés? Porque si conocés a alguien así, huí de esa persona.
“Entonces todo el pueblo se quitó los aretes de oro de las orejas y se los llevaron a Aarón. Aarón recibió el oro, lo fundió y con un cincel le dio la forma de un becerro. Luego el pueblo dijo: ‘¡Israel, aquí están tus dioses! ¡Estos son los dioses que te sacaron de Egipto!’. Cuando Aarón vio todo esto, construyó un altar frente al becerro y anunció: ‘Mañana vamos a celebrar una fiesta en honor al Señor’.” (Éxodo 32:3-5)
Hoy también muchos se quitan los aretes, los celulares, los relojes, los autos y demás, para dárselos a sus tan amados líderes —los becerros de oro de estos tiempos— arrodillándose ante ellos con el único propósito de sacarse una foto al lado del ídolo.
Los idolatran, los adoran, los defienden, sacan la cara por ellos, pagan entradas que cuestan una fortuna para oírlos cantar o predicar doctrinas propias que nada tienen que ver con la sana doctrina bíblica, y pagan por asistir a congresos o recitales de los cuales después dicen: “es para la gloria de Dios”. Pero la pregunta es: ¿para qué dios lo hacen? Porque ellos se roban la gloria que debería ser solo del Señor, autoproclamándose los grandes ungidos y libertadores que la ciudad necesita para escapar de los lazos de Satanás. Y el dinero que recaudan, casi en su totalidad, queda en sus bolsillos, para sus placeres y gastos. Vuelvo a preguntar: ¿para qué dios lo hacen?
Como bien lo describe la Escritura: “Porque habrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2 Timoteo 4:3-4)
Si Israel, como siempre dijimos, era un pueblo duro que, después de ver tantos milagros de parte de Dios entre ellos, aun así se arrodillaba delante de cualquier falso dios, cuánto más lo es este pueblo de hoy, que teniendo la Biblia como la palabra profética más segura y como lumbrera a sus pies —la cual anunció que esto ocurriría— igual corre detrás de los becerros de estos tiempos: a sus conciertos, a sus congresos, a sus megaiglesias. Les cree todas sus mentiras y les entrega hasta lo que no tiene, diciendo: “es para el Señor”.
Necios. ¿Acaso Dios no se contenta más en la obediencia que en el sacrificio?
“Y ha dicho Samuel: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios…” (1 Samuel 15:22)
El único dueño y Señor de la iglesia es Jesucristo; todos los demás solo son asalariados.
Busquemos al Señor por sobre todas las cosas, y dejemos de ir tras quienes solo se creen divos y divas cristianos.