El Grifo
Escrito por Sal Y Luz Radio en 20/01/2026
Después de terminada la Primera Guerra Mundial, ciertos árabes que viajaron a París por primera vez en sus vidas se alojaron en uno de los mejores hoteles del lugar, y allí hicieron un descubrimiento en el cuarto de baño de la habitación que los mantuvo atónitos y sorprendidos durante el resto de su viaje.
Descubrieron en aquel elegante y majestuoso baño de hotel unos grifos, o canillas, que nunca antes habían visto en toda su vida, por el simple hecho de que los árabes fueron siempre hombres nómades que vivieron en el desierto.
Pero lo más sorprendente de todo esto es que no podían dejar de mirar los grifos, asombrados por toda el agua que de ellos salía.
Cuando estos árabes se marcharon del hotel, arrancaron todas las canillas que estuvieron a su alcance para llevarlas consigo, pensando: “Con estas llaves mágicas, nunca más nos volverá a faltar el agua en el desierto de Arabia”.
Ellos no podían comprender que la función del grifo era solo transportar el agua, y no producirla.
¡Si los predicadores de estos tiempos comprendieran esto!
Muchos hoy corren detrás del grifo —el ministerio, el don, el micrófono, el título, la plataforma— pensando que ahí está la fuente, cuando en realidad es solo el canal por donde pasa lo que otro produce. Jesús fue claro sobre cuál es la verdadera fuente:
“El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” (Juan 7:38)
Y antes, junto al pozo de Samaria, ya lo había anunciado con esa misma imagen del agua que no se agota:
“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (Juan 4:14)
El profeta Jeremías ya advertía sobre este mismo error: cambiar la fuente verdadera por canales vacíos que no pueden retener nada:
“Porque dos males ha hecho mi pueblo: dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” (Jeremías 2:13)
El grifo no es la fuente. El predicador no es la fuente. El don no es la fuente. Solo son el canal por donde Dios, la única Fuente verdadera, decide fluir. Cuando lo olvidamos, terminamos —como aquellos árabes— arrancando canillas y cargándolas al desierto, convencidos de que ahí está el agua, sin entender que sin la fuente, esas llaves no sirven de nada.