La Doctrina Bíblica de la Elección

Escrito por en 28/08/2015

“Estoy tan contento de que Dios me haya escogido antes de la fundación del mundo, porque nunca me hubiera escogido después de que nací.”
— Charles Haddon Spurgeon

Esta célebre declaración de Spurgeon captura la esencia de la doctrina bíblica de la elección. No es un concepto frío o teórico, sino una realidad que llena el corazón del creyente de asombro, gratitud y humildad. La elección nos recuerda que nuestra salvación no depende de nosotros, sino de la gracia soberana de Dios.


Doce Puntos Clave sobre la Elección

1. La Elección no es Meramente Presciencia

Elección no significa que Dios meramente supo quién habría de creer y sobre esa base los eligió. D. L. Moody enseñó que la elección significa lo siguiente: “Dios me escogió para él, pero el diablo me escogió para él. Mi elección es la que rompe la igualdad”.

Esto realmente no sería escoger o “elegir”. Dios no nos estaría escogiendo; en cambio, nosotros estaríamos escogiéndolo a Él, y Él simplemente sabría esto. (Más aún, el diablo, una criatura, estaría ubicado en un plano igual al de Dios).

El testimonio consistente de la Escritura es que Dios es quien escoge, no nosotros:

“No por obras, sino por el que llama, se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Romanos 9:11-13)

“Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor.” (Efesios 1:4)

“Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección.” (1 Tesalonicenses 1:4)

“Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días.” (Marcos 13:20)


2. La Elección no Extingue la Responsabilidad Humana

La elección no extingue la responsabilidad humana. Cada persona es responsable ante Dios Todopoderoso respecto a lo que harán con Su Hijo. Hay gente salva aquí hoy quienes, a pesar de ser elegidos, siguen perdidos y no serán salvos hasta que crean.

“Entre los cuales también vivimos todos nosotros en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” (Efesios 2:3)

“Y al que viene a mí, no le echo fuera.” (Juan 6:37)


3. La Elección es Necesaria por Nuestra Depravación Total

La elección es necesaria debido a que somos pecadores totalmente depravados. En otras palabras, no escogeríamos a Dios a menos que Él primero nos escoja a nosotros.

Los incrédulos son presentados como incapaces de hacer o pensar nada que los pueda mover aunque sea un paso más cerca de Dios. No hay nada que puedan hacer o decir que pudiera complacer a Dios.

“No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Romanos 3:10-12)

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23)

“Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.” (Efesios 4:17-19)

De hecho, los incrédulos están espiritualmente muertos hasta que el Espíritu de Dios los llama; es decir, no pueden responder a nada fuera del ámbito del pecado:

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.” (Efesios 2:1-2)

Tal como Lázaro estaba muerto hasta que Jesús lo llamó, también los incrédulos están muertos hasta que el Espíritu de Dios los llama. Y justo como Lázaro no podía gloriarse: “¡Jesús no podría haberlo hecho sin mí!”, tampoco nosotros podemos hacerlo. Los muertos no tienen mucho con qué regatear.

Es importante notar que Efesios 2:8-9 está en el contexto de Dios levantándonos de entre los muertos espirituales:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9)


4. La Gracia Irresistible no Viola Nuestra Voluntad

El proceso de elección, como se opera en nuestras propias vidas, no viola nuestra voluntad. Esto es, la doctrina de la “gracia irresistible” no significa “coerción divina”, como si Dios nos forzara a someternos a hacer Su voluntad. En cambio, es una persuasión convincente.

El diablo ha cegado los ojos del mundo:

“En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (2 Corintios 4:4)

Una vez que nuestros ojos han sido iluminados por el Espíritu de Dios, vemos claramente lo que Dios ha hecho por nosotros. Más aún, si la gracia fuera resistible, significaría que la persona que puede resistir la voluntad de Dios es un individuo fuerte y poderoso, y aquellos que no pueden (y por tanto, aquellos que resultan salvos) son débiles. Esa no es la imagen bíblica.

“Pero Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y escogió lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte.” (1 Corintios 1:27)


5. Los Medios de la Elección son la Agencia Humana

Los medios de la elección son siempre a través de la agencia humana. Esto es, Dios usa a otros creyentes para comunicar el Evangelio a los perdidos.

“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:14-15)

Por lo tanto, no podemos excusarnos a nosotros mismos de compartir el Evangelio diciendo: “Si él es escogido, Dios va a salvarlo de cualquier manera. Él no me necesita para hacer el trabajo”.

Es cierto que Dios no necesita a ninguno de nosotros para hacer Su voluntad, pero es igualmente cierto que Dios usa a aquellos que están dispuestos a obedecerlo. En consecuencia, la doctrina de la elección nos debe motivar a compartir el Evangelio—no por temor, sino porque queremos ser usados por Dios para hacer Su voluntad.


6. La Elección es una Manifestación del Amor de Dios

La elección no contradice ninguno de los atributos de Dios y, de hecho, es una manifestación directa de Su amor.

“Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.” (Efesios 1:4-5)

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)


7. La Elección es para Santificación y Glorificación

La elección no es sólo para salvación, sino para santificación y glorificación.

“Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor.” (Efesios 1:4)

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” (Romanos 8:28-30)

En otras palabras, aquellos a quienes Dios ha escogido son escogidos no sólo para ser salvos, sino también para ser santificados.


8. La Justicia de Dios en la Elección

El asunto de si Dios es justo o no al elegir a unos y no a otros minimiza qué tan grande es nuestra salvación—y qué tanto nos ha invadido el pecado.

Si Dios obrara en justicia, todos iríamos al infierno. Si salva a una persona, es infinitamente misericordioso.

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23)

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).” (Efesios 2:4-5)


9. Tres Preguntas Prácticas sobre la Elección

En la práctica, se presentan tres preguntas básicas cuando se discute la elección:

  1. ¿Es Dios justo?

  2. ¿No nos convierte esto en robots?

  3. ¿Por qué deberíamos evangelizar?

Todas estas tres preguntas son respondidas en Romanos 9-11, el gran pasaje en la Biblia que trata el asunto de esta doctrina:

  • Romanos 9 responde la pregunta de nuestra elección.

  • Romanos 10 responde la pregunta de la necesidad de evangelizar.

  • Romanos 11 responde la pregunta acerca de la justicia de Dios.

Debe notarse, igualmente, que la teología de Pablo aquí no es vacía; él comienza (vv. 1-3) por casi desear poder ir al infierno si esto implicara que al menos uno de sus hermanos judíos llegara a ser salvo.

“Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne.” (Romanos 9:1-3)


10. El Equilibrio entre Soberanía y Bondad

Muchas personas quieren encontrar un equilibrio entre la soberanía de Dios y el libre albedrío humano. Se debe buscar el equilibrio, pero éste no es el lugar.

En ninguna parte leemos en la Biblia que Dios no sea soberano sobre nuestras voluntades. Además, tenemos testimonio explícito suficiente en Romanos 9 de lo contrario. Igualmente, existe un desequilibrio inherente entre la voluntad de una criatura y la voluntad del Creador. ¿Qué derecho tenemos para proclamar que estas dos son iguales?

El equilibrio real viene entre dos grandes categorías de los atributos de Dios:

  • Atributos morales: bondad, amor, misericordia, justicia, etc.

  • Atributos amorales: infinito, eterno, omnisciente, omnipresente, etc.

En resumen, el equilibrio es entre Su soberanía y Su bondad:

  • Si Dios tuviera solamente atributos amorales, bien podría ser un tirano.

  • Si solo tuviera atributos morales, sería incapaz de efectuar un cambio en el mundo; sería impotente.

Reuniendo todo esto, vemos la majestad y el misterio de Dios. Los atributos de Dios no pueden ser separados. Es decir, Él es bueno en su soberanía, infinito en Su misericordia, amoroso en su omnipotencia. Sin embargo, nosotros, como simples criaturas finitas, no podemos comprender la grandeza de Su plan:

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isaías 55:8-9)

No hay contradicción en Dios, pero hay comprensión finita en nosotros.


11. La Analogía de la Inspiración

La doctrina de la elección es análoga a la de la inspiración. Dios inspiró las palabras mismas de la Escritura; aún así, Su modus operandi no fue el de dictado verbal.

Isaías fue el Shakespeare de su día; Amós fue el Mark Twain. Ambos tienen vocabularios y estilos de escritura ampliamente divergentes; sin embargo, lo que cada uno escribió fue inspirado por Dios. El estilo de escritura y sintaxis griega de Lucas son bastante diferentes de los de Juan, pero ambos escribieron la Palabra de Dios.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.” (2 Timoteo 3:16)

“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:20-21)

Así, se nos presenta un misterio: Cada escritor bíblico escribió las palabras mismas de Dios; sin embargo, cada uno ejerció su propia personalidad y voluntad en el proceso. El mensaje tuvo su origen en Dios, y aún así, el proceso involucró la voluntad humana.

El milagro de la inspiración, como Lewis Sperry Chafer anotó hace ya mucho tiempo, es que Dios no viola la personalidad de nadie, y sin embargo, lo que fue escrito fue exactamente lo que Dios quería decir.

Esto encuentra paralelos con la elección. El misterio de la elección es que Dios puede escoger incondicionalmente, y aún así nuestras voluntades no son coartadas. Somos persuadidos por el Espíritu Santo para creer. Además, tenemos la sensación de libre albedrío en el proceso, tal como los autores bíblicos la tuvieron. Es decir, los autores bíblicos no siempre supieron que estaban redactando Escritura, aún cuando Dios estaba dirigiendo sus pensamientos.


12. Resumen: Para la Gloria de Dios

Resumen: la doctrina bíblica de la elección es que es incondicional, irresistible e irrevocable.

Todo esto para la gloria de Dios—sin, en forma alguna, disminuir la dignidad o responsabilidad del hombre.

Para ponerlo de otra forma: Una gran parte de la madurez en la fe es esta: cada uno de nosotros necesita hacer el descubrimiento copernicano progresivo encapsulado en las palabras: “No soy el centro del universo”.

O, como Juan el Bautista dijo:

“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” (Juan 3:30)


Nota sobre la Depravación Total

Depravación total no significa que somos tan malos como podemos ser. Sino que significa que:

  1. El pecado ha manchado todo aspecto de nuestro ser—nuestros corazones, cuerpos y mentes.

  2. Seríamos tan malos como podemos ser si no fuera por la gracia común de Dios (por la cual Él protege a los humanos en general de convertirse en seres tan perversos como pueden ser).

  3. No hay chispa de lo divino en nosotros, nada bueno que mueva a Dios hacia una persona, como si él o ella mereciera ser salvo(a).


Conclusión: Un Misterio de Gracia

La doctrina de la elección es, en última instancia, un misterio de gracia. No es algo que podamos comprender plenamente con nuestras mentes finitas, pero es algo que debemos abrazar con nuestros corazones agradecidos.

Nos recuerda que nuestra salvación no es el resultado de nuestra bondad, sabiduría o elección, sino de la gracia soberana de Dios. Nos humilla, nos llena de gratitud y nos motiva a vivir para Su gloria.

“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Romanos 11:36)


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