La Suficiencia de las Escrituras

Escrito por en 01/07/2025

Si hay algo que el pueblo de Dios ha necesitado hacer en cada período de la historia es confiar en Su Dios y en Su Palabra solamente.

Adán y Eva no lo hicieron, y terminaron hundiendo a toda la creación en pecado (Génesis 3:1-6). Aarón, el hermano de Moisés, no lo hizo, y terminó construyendo un becerro de oro (Éxodo 32:1-4). Los jueces de Israel no lo hicieron, y terminaron en toda clase de iniquidad, porque “cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jueces 21:25). David no lo hizo cuando ordenó el censo de Israel, movido por la confianza en su propio poder (2 Samuel 24:1-10). Los reyes, los príncipes, los sacerdotes y los ancianos de Israel no lo hicieron, y trajeron sobre el pueblo toda clase de consecuencias (2 Crónicas 36:14-16). Los discípulos no lo hicieron al principio, cuando no creyeron la resurrección que Cristo había anunciado tres veces (Lucas 24:9-11), y Tomás tampoco la creyó aún después de que esta ocurrió (Juan 20:24-29).

En la actualidad, muchos hijos de Dios confían en sus finanzas, en sus habilidades, en la ciencia, en la sociología o en la sicología, antes que en la Palabra de Dios. Necesitamos ver levantarse un grupo de creyentes comprometidos con Su Palabra por encima de cualquier otra cosa, comprometidos con la suficiencia de las Escrituras (2 Timoteo 3:16-17). Pero para ello, necesitamos primero un claro entendimiento de lo que esa suficiencia realmente significa (Salmo 19:7-11).

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